El descubrimiento de la luz

Todo cambia a la luz

La razón es precedida por el sentimiento. Es el sentimiento y su valor lo que mueve la acción en el hombre.

Un fuerte movimiento social En el siglo XIX fue impulsando el avance tecnológico cuando se originó la primera revolución industrial y por ello cambió la forma de pensar y de sentir del hombre en la modernidad. Se dijo a si mismo: “La maquinaria ha entrado ya a formar parte de mi vida cotidiana en todos los lugares donde vivío y mis sueños han cambiado”. El uso de ésta también va a requerir de un modelo nuevo de pensamiento y sugiere la necesidad del desarrollo de unas nuevas cualidades donde el conocimiento de las cosas supone una especialización y una división nueva del trabajo. Las clases sociales surgen de esta especialización.

Este fue el factor que afectó al pensamiento y que se centró en el juicio del hombre donde antes había una moral que dictaba una actitud para cada situación. El “gestor” de esta situación nueva para el hombre le sirvió al pensador y sociólogo I. Kant para desarrollar su tesis: _Habría que dividir el trabajo del hombre filósofo de una forma especializada, como lo hacía el técnico en una fábrica_. Esto le llevó a su “Crítica”, al propio juicio, basándose en datos específicos, en leyes concretas basadas en un modelo sobre las que se dirigiría a la misma sociedad. Por ello, quiso desarrollar una ley que tuviera tanto valor moral que se usara a modo de una técnica y que requiriera de un proceso previo de especialización como se hace antes de realizar un trabajo industrial.

¿Cambiaron las normas morales? Sí. Y, ¿se perdió algo en el cambio? Puede ser. El mismo hombre cambió su alma por “la razón”. Aquel ser que antes sabía de la realidad de su vida, pretendió poner en juicio su propia existencia.

¿Por qué aventurarse a tan compleja especialización cuando el hombre se sentía equiparado a una máquina? ¿Se puede crear una ley del sentimiento universal y aplicarlo con ” justicia”? Era una tarea tan compleja como la propia Revolución y el proceso de fabricación en serie. ¿Cuándo parar la máquina?

Es imposible llegar unos y otros a sensaciones y juicios unánimes, porque tampoco es unánime el sentimiento y la “razón “.

Kant escribió: “Aquí no importa tanto lo que el entendimiento capta, sino lo que el sentimiento siente, es decir: el sentimiento de cada hombre para ser por ellas (sensaciones) afectado de placer o displacer y analiza una ley de conocimiento universal y que esté basada en los conceptos de la razón pura”. Con ella Kant clasificará las normas basadas en la experiencia como reglas que sirvan a la práctica. Una ley moral que debe formar parte de las leyes “a priori”.

La parte empírica de la “ley natural” observaría las leyes de la naturaleza, en cuanto objeto de la experiencia y, la “ley moral” haría lo mismo con la experiencia de la voluntad del hombre”, en la medida que es afectada por la naturaleza. Así, Kant observó la división de las acciones del hombre en cuanto que son alteraciones de su ánimo y con ello se propone hacer una diferencia: el “hombre” y el hombre en cuanto que “ser racional”. Dos perspectivas de observación para su tesis ya que considera la validez superior de los “principios”, de la dignidad humana, aprendida expresamente de Rousseau que se hace patente en esta afirmación: “La inclinación se convierte en sofista para maquinar principios complacientes; para tender un misterioso velo ante los fines más convenientes; para que el conocimiento demasiado vulgar de los mismos no cause desagrado ni siquiera indiferencia con respecto a los propósitos definitivos de una pulsión, en la cual se hallan injertadas las inclinaciones más delicadas y más vivas de la naturaleza humana”.

Mirar con los ojos de un observador es lo que lleva a un filósofo a tratar de descubrir empíricamente como tiene lugar en los diversos hombres cuanto sea base para su reflexión posterior. Kant va a considerar un dualismo que divide al hombre en dos: al primer “hombre” como influido tanto por la “razón” como por “inclinaciones sensibles”. Mientras que el segundo hombre, es el que se deja guiar exclusivamente por “su razón”, sin que quepan otras instancias sensibles y, por tanto, empíricas. Esta separación permite poder observar una doble dirección de la razón que determinan al hombre como ser moral tanto como racional.

Kant dirige la mirada solamente hacía unos puntos e indica una dirección de pensamiento: Como observador, iremos a acercarnos a las cosas por el placer de mirar tanto en un proceso de conocer como en el sentido que llevan los actos propios de la libertad humana. Tales observaciones implican la idea que el conocer lleva otro propósito, el de alcanzar una existencia mucho más digna para el hombre que la del puro sentimiento (¿quién dice qué es la mejor dignidad?); no para alcanzar sólo felicidad, que también, sino para producir la voluntad (la propia voluntad está ahora dominando la inteligencia, ¿no es una locura?) como buena en sí misma y propia al hombre en relación al ser con la facultad de conocer.

El sentido de la belleza supone una nueva experiencia que intrigaba a los filósofos de la época. Era el comienzo del romanticismo y la naturaleza despertaba de su sueño con catástrofes que ponían la voluntad del hombre a prueba. Llegar a la experiencia de lo sublime era el sentimiento que mejor se adecuaba a la experiencia de la existencia de Dios en el alma. Kant escribe en 1764, “Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime”, donde describe las propiedades del sentimiento desde una perspectiva antropológica donde llega a decir que el hombre está orientado más por su naturaleza que por Dios, o una religiosidad, ya que observó cómo el carácter de los sentimientos humanos se situaban por encima de la razón, dominaban la razón en los momentos de pavor. Observa el poco control que el hombre tiene sobre sí mismo. Por este motivo, Kant somete el sentimiento a un estricto juicio para elevar al hombre al propio dominio de sí, donde la razón sea una categoría de su dominio, ya que él cree que desde este dominio puede conducirse a la plena libertad (propia voluntad). Es la forma como el pensador se pone frente a la naturaleza como proceso; es la visión antropocéntrica del mundo, la voluntad del hombre dominando la naturaleza.

Kant identificó las inclinaciones de los sentimientos y compara este orden de sucesos a un “gran teatro” donde el hombre piensa: No veo por qué no debiera ser contado entre las cosas útiles, todo aquello únicamente deseado por mi sentimiento más vivo…

El gran teatro es el escenario de los deseos vivos del hombre, es la forma que Kant tiene para dejar que el hombre represente sus propios procesos del conocimiento ante todas las cosas y controlar su propio actuar sobre ellas. Dice: “Pues cuando uno prosigue sus acciones en el gran teatro, según sus inclinaciones dominantes, al mismo tiempo le mueve también un impulso íntimo para tomar un punto de vista en los pensamientos fuera de sí mismo, para enjuiciar el prestigio que adquiere su conducta, cómo aparece y cómo resulta a los ojos del espectador. Con ello vienen a coincidir los diferentes grupos, en un cuadro de expresión magnífica, donde resplandece la unidad en medio de una gran multiplicidad, y donde la totalidad de la naturaleza moral muestra belleza y dignidad en sí misma”.

Se trata de observar ese “todo” de la naturaleza como sentados en un teatro, es la  razón que sobrepasa al hombre para dominarle. Es una cuestión que describe cómo “el rostro del hombre es asaltado por un sentimiento” y es el propio sentimiento del hombre el que orienta en el juicio de la modalidad del sentimiento que éste “hombre” experimenta. Así dirá: “El resplandor del día infunde afanes de actividad y un sentimiento de regocijo. Lo sublime conmueve, lo bello encanta. El semblante del hombre que se encuentra en pleno sentimiento de lo sublime es serio, a veces rígido y asombrado. Por el contrario, la viva sensación de lo bello se declara en la mirada por su esplendorosa serenidad, por rasgos de la sonrisa y muchas veces, por un claro regocijo”. El hombre dominado por su libre sentimiento es como un bobo mirándose al espejo, es la tarea que tiene la razón frente al sentimiento que viene a fundamentar la teoría del conocimiento en un criticísmo racionalísta; cuanto que pensó que es el único modo del conocer que conocemos, o en el cómo pensar el sentimiento, ya que es el que mueve a la voluntad a querer algo, desear, a realizar alguna acción, vana o gloriosa.

Kant compara los deseos que le llevan a la acción: “La riqueza, aún sin merecerla, es venerada hasta por quienes son desinteresados, probablemente porque se ven representados, junto con ella, proyectos de grandes acciones que podrían llevarse a cabo. Este respeto alcanza, en ocasiones, a mucha gente infame que es rica, quienes nunca realizarán tales acciones y que no tienen idea alguna de noble sentimiento, que es lo único y sólo eso, lo que pueden hacer estimables las riquezas”. Así dirá: “No es una pequeñez el sentimiento que a uno le hace gran agrado, sin necesitar para ello talentos”.

Es evidente la importancia de estas acciones que podrían llevarse a cabo. Pensando en ello, Kant divide los temperamentos del “hombre” según son atraídos por una intensidad del sentimiento u otra. Como si de lo grave y de lo agudo se tratase. Divide a los hombres según la categoría de los deseos que conducen a sus acciones: ”Los temperamentos que poseen un sentimiento de lo sublime son atraídos poco a poco, por la calma silenciosa de una noche de verano, hacia sensaciones supremas de amistad, de desprecio del mundo, de eternidad. El resplandor del día infunde afanes de actividad y un sentimiento de regocijo. Lo “sublime” conmueve”, lo “bello” encanta”.

El deseo es “personificado” puesto que se le ha dotado de razón, es la voluntad misma imponiéndose a la inteligencia. Así cree que no podemos definir un sentimiento como moralmente bueno o malo sin conocer y dirigirnos del objeto al sujeto que lo padece. Ya que, en cuanto pensamiento, nada es en sí bueno o malo, dice Kant, excepto una “buena voluntad”. Ésta siempre adquirida por el sentimiento que producen las cosas. La “buena voluntad” creemos que es una Idea absoluta, universal. Puesto que todo el mundo comparte qué es “buena voluntad” y sabe distinguirla de otras voluntades.

 Kan sigue queriendo clasificar el sentimiento, pero la sublimidad es sutil, a veces depende de un instante de sentido: ”Lo sublime viene acompañado de cierto horror o también de melancolía, de admiración sosegada, de una belleza que se extiende”. A lo primero lo llamo Kant “sublime-terrible”; a lo segundo, “noble” y; a lo tercero, “magnífico”.

Kant hace un juicio moral rotundo. Es la urgencia de hacernos dignos de ser felices desde las obras, parece decirnos. Siempre, previniendo antes aquello que la razón no ha legitimado aún para llegar a aquellos sentimientos que vean que vienen a dar con los temperamentos más elevados; que sean mayormente atraídos por el bien que por el mal, y por las sensaciones supremas de amistad.

El sólo ejercicio de separar al hombre de su razón para elevar la voluntad sobre el propio desarrollo de la inteligencia dejó a Kant en una red sin salida. El hombre tenía poder porque es libre; así puede ejercer su voluntad que da la razón a sus deseos por medio de la voluntad. La voluntad se encarga de eliminar aquello que no satisface a sus propios deseo, lo que no le sublima le hace infeliz. El hombre, que desde la unión de fe y razón debía su persona al logos, al lenguaje interior que establecía una relación con Dios y con todo lo que podía conocer por su nombre, ahora se veía separado, aislado ante sus sentimientos que no podía dominar.